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Virginia, ganadora Operación Triunfo 2008

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Siempre he sentido mucha curiosidad en saber qué es lo que mueve a las personas a crear un ídolo. Me refiero a si es por encumbrar a alguien que para ellos es admirable; si es por sentirse identificados con un grupo que respira y siente como ellos mismos...

Me ha llamado mucho la atención el hechizo que ha provocado esta chica de 25 años llamada Virginia. La han llamado La marea azul. Es posible que tenga muchos atributos que gusten: enormes ojos azules, mirada fría y expresión infantil. Su voz es muy sensual, intimista, perfecta para baladas, jazz....

¿Qué ha hecho de ella un modelo a seguir , a admirar?  Tal vez su apariencia infantil que la hace parecer frágil es lo que ha movilizado la sensibilidad de miles de personas generando la necesidad de protegerla. Pero, ¿por qué protegerla a ella ... y no a Mimi, por ejemplo?

He reflexionado mucho sobre el tema, y creo que en el fondo, aunque parezca que vivimos en una sociedad muy fría, estamos lejos de eso. Las personas han votado a una chica de belleza infantil y voz de angel. Aún sabiendo que bailando tiene una severa limitación, carece de ritmo.  No obstante, cuando interpreta una canción, sentada, con luz tenue, con su voz sensual, dulce  pero segura... todos callan, todos piensan que debería ser un modelo a seguir y silencian las cosas que no son tan perfectas en ella.

Mimi representa la sensualidad frívola. Claro que gusta su modo de cantar y bailar... pero no provoca esa cercanía, esae acercamiento de Virginia. Me refiero a que es posible que el atractivo de Mimi afecte a un aspecto más externo, meramente musical, de espectáculo mientras que en el otro caso también se dé admiración a nivel personal, deseos de alcanzar esa imagen, de enarbolarla. Recuerdo que las vi cantando juntas, y me gustaron las dos; cada una tiene algo que la hace especial en el escenario.  Lo que las distingue en el número de seguidores es la actitud que provocan cada una de ellas. Virginia, cantando es un susurro, acaricia sensaciones cuando es escuchada... y eso la ha encumbrado.

30/07/2008 02:08 #. Tema: Retratando

Amy, una voz rota al ritmo del alma

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Hace unos días alguien me dijo. ¿sabes?..es muy fuerte, vaya concierto dió tu musa -refiriendose a Amy Wynehause-. Cuando pude eché un vistazo a los videos   introduciendo en la busqueda de Google : Amy concierto borracha. La verdad es que al verlo me quedé muy impactado... era una persona a la deriva, su voz de trapo...su fuerza ausente.

Una chica inglesa, veintitres años. Tuvo una vida dificil...pero siempre alentada por la música que durante todo el tiempo fue su refugio. En las entrevistas calla, cuando canta invade los sentidos de todos los que la escuchan.  Aparenta frivolidad para proteger su elevada fragilidad. Se ha acunado en los brazos de las drogas para sellar sus miedos y su soledad. Su mirada impacta por su intensidad...  Se oculta detrás de su modo de vestir, detrás del alcohol, detrás de sus ausencias, detrás de su desinterés.. Crea espectación por lo que calla.

08/06/2008 22:09 #. Tema: Retratando

El otoño de mis recuerdos...

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Ya no agita mi mente ese sentir decapitado por el tiempo
Es otoño en mis recuerdos…
Una a una caen esas imágenes que se aferraban a mis abrazos cálidos

Ya no me entumece el silencio de tu brisa al retenerte
Es otoño en mis recuerdos…
Uno a uno pierden sabor esos besos en la nostalgia de mis sueños.

Ya no tengo frío cuando reclino mi mente en esa almohada vacía
Es otoño en mis recuerdos…
Uno a uno han cicatrizado los desplantes envenenados de indiferencia.

Una a una han llovido tantas tristezas que hace tiempo que se secó su fuente.

Ya no palidece mi sonrisa ante tu ausencia.

Sé que pronto me seducirá la primavera con su hechizo de colores,
que brotarán sueños emocionados por una nueva complicidad sedienta

Sé que pincelará cascadas de mil colores… enterrando el gris de ese alejado beso
Un beso que quedó olvidado en el otoño de mis recuerdos.

15/10/2006 17:42 #. Tema: Retratando

El eco de una despedida...

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Caía la tarde con su negra luna. Ella caminaba deprisa, sin saber donde acabaría. Porque hay instantes en los que los pasos son o quieren ser  ciegos, sólo necesitan respirar.  Su mente introducía a golpes sordos imágenes y frases que hubiese preferido enterrar en un océano invisible.

Formaba una silueta agitada y confusa que avanzaba  junto a su espectral sombra. Unía a su andar inquieto ese abismo de sentirse desubicada.

 

Lo dejó abandonado en el callejón sin derecho a réplica. Las manos introducidas en los bolsillos y con gesto resignado.  Puede que pensando que en  esta ocasión sería como en  las otras –cuestión de pasar un mal rato y al cabo de unos días retomar la cotidianeidad-. Pero algo había cambiado  sin que él fuese consciente.

 

Ella había reunido  en sus manos  coraje y razón empuñándolas con orgullo hasta vaciar todo ese dolor que le abrasaba su interior. Aunque fue una victoria difusa. Un ataque de respuesta muda, como otras veces…

 

Sus piernas avanzaban como si flotasen sobre el suelo,  las empujaba la necesidad de quebrantar los puentes que la unían a ese callejón callado.

 

Cuando su pulso dejó de golpear su pecho, colgaron de su rostro multitud de huellas húmedas de tristeza. Serpenteaban con lentitud hacia abajo, acariciando su piel hasta su pequeña barbilla. Allí era sesgado su recorrido. Con un gesto delicado, los nudillos recorrían su piel como si se tratasen de limpiaparabrisas.

 

Todo su pensamiento parecía una encrucijada de recuerdos enfrentados, tanto como sus sentimientos. Cuando la invadía una imagen repleta de ternura, su corazón se ahogaba y se replegaba en busca del teclado de su móvil. La perseguía la única idea de pedir perdón. Pero si el recuerdo era un elenco de esas escenas que tanto hipotecaban su sonrisa, se sentía aliviada con su huida. Notaba que de nuevo respiraba en libertad, podía reconducir su sonrisa hacia otro destino.  Su mente avanzaba en zigzag, podía sentir cómo se le clavaban todos esos pequeños cortocircuitos -como garras despiadadas-  entre sus recuerdos desnudos.  Una y otra vez recorría ese puzzle de caricias amargas. Todo ello provocaba un abismo de indefinición y de debilidad.

 

Vio un pequeño café de aspecto bohemio. De él salía una música de fondo acogedora y el murmullo de los clientes. Invitaba a entrar. En algunas ocasiones, es bonito sentirse acogido por el anonimato. Tal vez porque no nos apetece contar nada. Reflexionando sobre el motivo que la había empujado a  entrar allí se sorprendió pidiendo una tónica. Estaba en un pequeño hueco que quedaba en el centro de la barra. Su teléfono sonó. Con la mano temblorosa, lo sacó de su mochila. Era él. Su latido comenzó a galopar de nuevo, inflamaba su pecho hasta hacerse sentir en el hueco de su garganta... La alegró inconscientemente,  pero no la sacaba de esa sensación de angustia. Ella sabía que había algo peor que ese sentirse a disgusto con muchas de sus cosas. Temía el vacío que crecía cuando lo tenía lejos.

 

Dejó sonar el teléfono, una y otra vez… Después hubo un intervalo, sería de unos diez minutos, en los que dejó de escucharlo. Es entonces cuando comenzó a imaginarse sus días sin esa complicidad mojándolo todo. Se le arrugaba el corazón y… sus ojos húmedos demostraban como languidecía su valentía.

 

Está bien –pensó- si llama le diré que no dejaré que esto se repita nunca más…

  
13/10/2006 16:20 #. Tema: Retratando

"Una broma" de la vida...

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El día se despedía de la ciudad, y un manto gris oscuro comenzaba a borrar el azul del cielo. Todos los transeúntes iban de un lado a otro, marcando un paso ligero.

Visto desde fuera, se asemejaba a un enorme hormiguero. Unos se dirigían a casa, otros entraban a trabajar, algunos de ellos -con menos fortuna- vagaban por la calle buscando un lugar resguardado donde dormir y algo que comer, otros agotaban sus últimos minutos apoyados en un banco de la calle bañando sus promesas de amor en instintivos besos sentidos. Sus cuerpos se enredaban alternando movimientos pausados con otros más precipitados y erráticos.

Asomaban, en alguna de las esquinas, las primeras prostitutas de la calle exponiendo el contoneo de sus curvas y sus elevadas plataformas. Dedicaban su mirada frívola e indiscreta a todos esos peatones que pasaban junto a ellas. En ese momento, viendo su imagen insertada en la noche -iluminada por carteles de neón- imaginaba qué se ocultaba detrás de esa máscara de maquillaje con enormes labios rojos… cómo verían su existencia, qué le daría sentido y si recibirían alguna caricia que no fuese estéril

Algún solitario avanzaba con paso silencioso, vencido por la gélida sensación de anonimato.

Nuestras sombras se proyectaban en el suelo, mientras nos dirigíamos al hospital. Al entrar sentí una bofetada de inseguridad, como si entrase en un sitio en el que se puede flotar, imagino que proporcionado por esa especie de atmósfera aséptica. Me dirigía a maternidad, allí llegaría al mundo un miembro más de mi familia.


El personal hospitalario deambulaba con sus informes de un lado a otro, unos embutidos en impecables batas blancas, los otros en un verde oliva riguroso. Había quienes arrastraban sus zuecos por la enorme sala, mientras que otros parecían flotar para avanzar.

Al caminar no detenían su mirada en ningún sitio, es como si el recorrido estuviese automatizado y mentalmente fuesen dispensando atención a todas esas cosas que pertenecían a su intimidad.

Cogimos el ascensor para subir a la segunda planta. Con nosotros entró una parejita y una señora que les acompañaba. Sus rostros eran de preocupación. La chica lo asía de una mano con fuerza, como si intentase insuflarle ánimo. Paseaba lentamente la yema de su pulgar por el torso de los dedos en lo que parecía un intento de relajarlo. Él inspiró devolviendo ese apretón y mirándola con gesto de gratitud. El silencio era cortante y todas las miradas se dirigían hacia la puerta que estaba a punto de abrirse. La mujer que les acompañaba rasgó ese mutismo para suspirar con una profunda tristeza.

Todos nos bajamos en esa segunda planta. Mi sobrinita había nacido, parecía un ratoncito enrojecido y se retorcía en la cunita con los puños cerrados y el ceño fruncidito. Los ojos parecía apretarlos para poder dormir. Sus papás parecían vivir un sueño a pesar del cansancio.

Éramos demasiados en la habitación, por lo que creí necesario salir un ratito para que se despejase un poco el ambiente. Al cruzar el pasillo mi mirada tropezó con los dos jóvenes que habían subido conmigo. Lloraban en silencio aferrados el uno al otro como si fuesen náufragos.

Bajé los ojos y mil cosas se me pasaron con rapidez por la mente. Sabía que en maternidad lo único que podía salir mal si la mamá estaba bien… era el bebé.
Se me arrugaba el corazón al ponerme en su lugar. Eran demasiadas ilusiones rotas, planes desvanecidos, muchos miedos acechando y una enorme lucha por delante.

Yo sabía que el niño estaba hospitalizado porque, la señora que les acompañaba, llevaba ropita en una bolsa. Pero, sé que al mirar esas pequeñas prendas mientras subíamos a planta sus ojos eran el eco de la pesadilla que estaba viviendo y que la devoraba poco a poco.

Mientras avanzaba de vuelta a la habitación, me preguntaba… por qué motivo estaba intentando dar un argumento a las cosas que había visto. Tal vez me sentí embargado por ese sentimiento de impotencia, de no poder hacer nada. Aunque se me clavó sentir su dolor, yo no era nadie para acercarme y brindarme para lo que necesitasen… sonaba a intromisión. Tal vez lo que necesitaban era que nadie les molestase en ese momento.

Al coger a mi sobrinita escuché cómo mi hermana decía que tenía que dar gracias, muchas gracias a la vida por ese regalo. Que estaría rota de dolor si le hubiese pasado lo que a los chicos de la habitación de enfrente. La miré con cara de interrogación. Entonces ella comenzó a contarme todo.

“Cuando nació la niña, la abuela entró para felicitar a mi hermana… y no pudo evitar romper a llorar. Les dijo que al principio del parto todo iba bien, pero que … hubo que sacar a su nieto con forceps. Eso provocó un derrame cerebral.

Al principio pasó desapercibido, parecía que habían salvado la situación. Pero una enfermera, intuyó que algo no iba bien por el comportamiento del niño al succionar. Es como si el apetito se difuminase al llegar el alimento a su boca. Sus labios al contacto con el biberón parecían fláccidos, de trapo…”

Comprendí que la felicidad es algo demasiado frágil y que aparece y desaparece cuando menos lo esperamos. Que no llega a nosotros por las grandes cosas, si no a través de esos pequeños pero numerosos instantes que nos hacen sonreir.

Lo que me asustaba era la posibilidad de que la vida me gastase una de sus "bromas"... No sé si las cosas que pasan son de caracter divino o tan sólo mero azar. Pero ya que nuestra existencia es un regalo caduco, todos deberíamos tener la misma oportunidad de ser felices.


01/10/2006 15:04 #. Tema: Retratando

Detrás de ese vaso...

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Ayer entré en un café. Había muchísimas personas charlando y tomándose algo. Me llamó la atención un chico de rostro enjuto que estaba sentado en un rincón de la barra. Parecía agazapado. Disimuladamente pude escuchar su gesto ausente. Estaba concentrado en un vaso de whisky. Con su mano derecha lo sujetaba -mientras lo giraba con las yemas de sus dedos- y con la izquierda se sujetaba la barbilla. Daba la sensación de que estuviese buceando dentro de ese recipiente.

Me pedí una consumición, mientras la persona que me acompañaba saludaba a unos amigos. Sin saber explicar el motivo, seguí fijo en ese rostro y pude descubrir como esbozaba una sonrisa que escapaba de su semblante inexpresivo. Parecía provocada por esas escenas invisibles para mi, pero que flotaban -inexplicablemente- misteriosas y delicadas en la bebida.

Vi a alguien que me recordaba palabras como orfandad, soledad, ausencia. No miraba enfadado, sus ojos no albergaban rencor. Tampoco pude ver atisbos de tristeza. Estaban cargados de luz, una luz que conseguía captar de la magia de ese vaso. Estaba repleto de recuerdos e imágenes amarillas y ebrias.

Me llamaba la atención su forma de estar sentado. Parecía reflexionar sobre lo que le decía ese cristal sin brillo. Su pelo negro resaltaba la claridad de sus ojos.

Hubo un momento en el que levantó la mirada y comprendió que lo había estado observando. Se quedó anclado durante unos segundos en mis pupilas pidiendo que respetase su soledad, sus pensamientos y sus recuerdos.

Me sentí invasor, irrespetuoso y avergonzado. Apretó sus mandíbulas y después se replegó de nuevo para introducirse en esa pequeña piscina de mirada transparente y espíritu embriagador.


24/09/2006 16:34 #. Tema: Retratando

Una lluvia de acero...

20060907125935-bombardeos.jpgCaen a millones y se clavan con sus afiladas garras frías
golpean sin piedad y salpican de rojo el barro callado
gime un ahogado llanto de impotencia

Una lluvia de acero cubre todo
golpeando el suelo con su abominable bramido…

Rasga el aire un silencio de sepulcro
y se abre una enorme alfombra teñida de rojo
con cientos de cuerpos encastrados

Una lluvia de acero muerde rabiosa, injusta…

Zombis deambulan a lo largo de esa estela de desolación y brutalidad
Aferrados a la esperanza de que se abra la vida entre los escombros
hay cientos de cuerpos salpicados de irracionalidad sangrienta

Una lluvia de acero confirma la miseria humana…

Los que fueron víctimas ahora son asesinos
Qué pronto se olvidan algunas lecciones!

Una lluvia de acero acalla ilusiones…

Me traspasan sus miradas evadidas, húmedas y confusas
Perdidas entre todos esos cuerpos rotos
son retinas implorando vida

Una lluvia de acero deshabita sueños…

No olvidarán el sabor de la agonía
Tampoco el tacto de un cuerpo de trapo
Ni se despojarán de la rigidez de la muerte

Una lluvia de acero engullirá todo...

07/09/2006 12:33 #. Tema: Retratando

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Va finalizando la tarde y en su sofá se despereza viendo los últimos minutos de ese programa:

En él se encuentran, después de mucho tiempo, aquellos que un día tomaron caminos distintos, o se pide perdón por un daño innecesario, o los hijos quieren buscar a ese padre que les abandonó un día, o un chico/a “sale del armario”, o un marido quiere decirle a su mujer todo lo que la quiere después de tantos años juntos…

Ella observa la televisión con los ojos húmedos y un pequeño temblor en su pequeña barbilla. Llora de felicidad en esos encuentros, en esos intentos de romper la soledad. Es esa “tele-basura” la que la conecta al mundo, la que la hace reír, llorar, sufrir, interesarse por los demás. Hace de la televisión una ventana a través de la cual abraza el mundo.

Cuando la presentadora se despide, apaga la tele y se queda pensando si ella hubiese o no perdonado, o si hubiese dicho esto o aquello…y reflexionando de modo distraído comienza a recoger algunas cosas que le han quedado pendientes de hacer. Le gusta poner música para distraerse, así no oye el eco inconfundible de sus pisadas retumbar por el apartamento. Suele escuchar de todo, aunque prefiere música animada. Piensa que de tristezas ya está el mundo repleto.

Es tarde y no le queda tiempo para pensar. Debe prepararse para ir a ganar algún dinero. No le queda apenas, últimamente no ha tenido mucha suerte…. Dentro de cuatro días debe pagar el alquiler y la nevera no tiene nada. No es que no trabaje, las cosas han salido torcidas:
Una noche, cuando regresaba a casa, un drogadicto le quitó todo lo que había conseguido iniciando a un grupo de adolescentes en el sexo. Otro cliente se largó sin pagar y encima la abofeteó por pedir el dinero…

Su andar es cansado, su mirada parece ida. Es como si viese sin mirar. Abre su armario con cuidado para que la puerta no se caiga del todo y comienza a buscar dentro de ese viejo guardian del disfraz. Las medias tienen más agujeros que un colador, elige una minifalda en la que se embute como puede. A los lados le sobresalen esos kilos que le sobran. Sujeta una camisa ajustada blanca y otra negra… después de pensárselo unos segundos… se decanta por la primera. Como puede se la pone, cuando le llega a la altura del ombligo se le sube ligeramente y asoman sus voluminosas carnes apretadas.

Delante del espejo comienza a ocultarse ella para maquillar a su personaje. Lo esculpe con intenso rojo en los labios. Con un lápiz negro marca el perfil de sus ojos, intentando alargarlos y preñarlos de profundidad. Sobre ellos añade una sombra tirando a violeta. El maquillaje, ligeramente oscuro, va ocultando sus imperfecciones, su palidez…

No sabe qué zapatos ponerse…. Sus pies le duelen con los tacones, pero si no los lleva, no atrae a los clientes. Tiene ampollas de permanecer de pie muchas noches y aguantar el frío. Da igual- piensa- hay cosas que duelen más que un zapato de tacón en un pie lastimado.

Toma el autobús para dirigirse al callejón donde trabaja. Al llegar, se da cuenta de que hay más gente joven nueva luchando por los clientes de la calle. Tienen dinero para ropa nueva… gozan de estilo, de gancho…y… de nuevo saca su pequeño espejo roto para mirarse. Sus ojos ya no están evadidos, ahora hablan de tristeza, de rendición, de soledad y de miedo.

07/09/2006 12:26 #. Tema: Retratando

Quiero y no quiero...

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Quiero y no quiero sentir que es verano el eco de tu risa
que toda idea es primavera en tu ímpetu
que todo ese silencio es lluvia de instintos presos

Quiero y no quiero reconocer que risueña pareces brisa
que besas sin rozarme y me buceas sin penetrarme
que entregas más de lo que puedes y recibes menos de lo que mereces

Quiero y no quiero ver que sonrie lo que toco cuando abraza tu aroma
que tus deseos más instintivos desbordan entrega sin limites
que adoras el juego de la complicidad
que cabalgas sobre los sueños para conquistar la realidad

Quiero y no quiero ,,,

12/06/2006 09:17 #. Tema: Retratando




Silencios y pasiones...

Inspiración es ese beso apasionado entre la realidad y los sueños.

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Lucía Extebarría

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