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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Fue en ese café...(Novela). Cap. 9 Unidos por la tormenta..![]() Al llegar a su trabajo, dio las gracias a Roberto. Él hizo un guiño y sonrió deseándole suerte. Esperó en el coche. Vio como ella corría dando zancadas. Así iba sorteando los charcos que se encontraba en su camino. Llevaba su cartera de piel abrazada contra su pecho y el paraguas asido con una sola mano. La gabardina le daba un toque femenino muy desafiante y actual, rompía con la tónica general en la forma de vestir de allí. La cascada de su pelo le caía sobre la espalda con un recogido a la altura de la nuca. Antes de entrar, agitó su mano para despedirse de él. Fue entonces cuando Roberto se alejó. Las llamas bailaban al ritmo crepitante de los troncos. Iluminaban con su magia ese escenario que permanecía guarecido de las fauces de la tormenta. Hechizaba escuchar como la lluvia golpeaba la ventana con sus mil dedos. De vez en cuando la habitación quedaba iluminada por los rayos y los dos se callaban esperando el estruendo del trueno y se reían. Pero en una de esas ocasiones el rugido fue tan fuerte que daba la sensación de que la casa no lo aguantaría.
Alicia se precipitó hacia Roberto por instinto. Se encontró con el tipo de abrazo que había fantaseado. Era cálido, delicado pero firme. Tenía el poder de aniquilar vacíos. Hubiese deseado alargar ese momento, pero… se suponía que el susto había pasado. Se desprendió de su cuerpo y comentó la agresividad de los rayos y truenos. Él asentía añadiendo que era una tormenta eléctrica y que entrañaban peligro. Sobre todo en zonas rurales. Pero tener a Alicia cobijada en sus brazos le había dejado una sensación de plenitud que se iba difuminando al alejarse… Empezó a darse cuenta de que, hasta que no se encuentra lo que se busca no se puede echar de menos. Puede que más o menos, soñemos con un molde ideal, pero… eso es fabricar sueños.
23/05/2008 18:23 #. Tema: Fue en ese café...(Novela) Cap. 8 Un martes gris..![]() A la mañana siguiente, la cafetería estaba repleta de lugareños. Había llovido mucho y el cielo era de un gris plomo. Todos los paraguas se agolpaban a la entrada. El aroma del café se intuía como una forma de afrontar la fría humedad que reinaba en el ambiente. Roberto aguardaba en la barra la entrada de Alicia, pero no llegó. Charlaba con Mamen, los dos pensaban que la lluvia en aquél lugar era como una campanilla de aviso de reunión. Tenía poder de convocatoria. Era una reunión organizada de forma espontánea. El barullo de todos, diciendo si era bueno o malo para el campo. Si iba a durar mucho o poco. Si iba a caer de modo torrencial o tranquilo. Si eran nubes vagas o de descarga…. Él se quedó mirando la taza mientras la bordeaba con sus dedos como si fuese a proyectar un molde de la misma. Tenía un aspecto parecido al que tiene la persona que mira las cosas desde fuera pero intentando descubrir lo que ocultan dentro. Se dirigió hacia su casa y la encontró con un pequeño paraguas que se había girado con el viento. Esa escena consiguió forjar en él una enorme sonrisa y de modo rápido hizo sonar el coche. Roberto arrancó con el coche alejándose de la casa de Alicia. De nuevo comenzó a llover de forma virulenta. Era inquieta, preguntona, tenía genio, mil miedos, y un legado impensable de espontaneidad, unas veces quedaba exteriorizado con una amplia sonrisa, otras con un marcado pliegue de ceño. A medida que pensaba todo esto, había subido un sofá de la salita y una camita de uno de los dormitorios. También había colocado un aparato que servía para llevar la música a otras habitaciones. Introdujo dos estanterías para libros y una pequeña televisión. La buhardilla disponía de lavabo y había mandado llamar a un fontanero de allí, muy amigo suyo, para que instalase un pequeño aseo. Fue subiendo pequeños detalles a ese rincón de la casa: una pequeña mesa redonda, una alfombra que le habían regalado -era de borrego- Tenía una pequeña nevera que almacenaba en el garaje y que funcionaba muy bien. Tuvo que comprar otra porque se le quedó pequeña para almacenar las vacunas. También decidió subirla. Así Alicia si alguna vez tuviese que quedarse se sentiría más cómoda e independiente. Alicia parecía sentirse aliviada por esas palabras. Realmente le apetecía pasar la noche a su lado. Estaba cansada de hacer todo lo que se consideraba correcto. Bien pensado, llevaba mucho tiempo sin desear a Sergio. 23/05/2008 18:12 #. Tema: Fue en ese café...(Novela) Cap.7 De Robles...(Autora kamala)![]() Estaban muy involucrados en la charla hasta que se dieron cuenta de que era la hora de irse a trabajar. Alicia con decisión abonó el importe de la consumición y aligerando el paso se despidió de ellos mencionandoles lo nerviosa que estaba. Cuando se iba alejando hacia la puerta, su figura se dibujaba firme, esbelta y a la vez cargada de fragilidad. Tenía movimientos muy armónicos y sonreía de un modo abierto. Lo que atrapaba a Roberto era el modo que tenía de interrogarlo con la mirada: Clavaba sus ojos en él y parecía estar hurgándole en sus pensamientos... Al cerrarse trás ella la puerta del café aligeró el paso hacia su nuevo lugar de trabajo. Iba ensayando mentalmente esa primera toma de contacto con todos. Se colocaba el cabello con sus manos y respiraba con profundidad. Pronto llegó a la empresa. Tenía una apariencia compacta, muy lineal, clásica. Los colores grises, lo que le daba algo de información de los dueños. Serían poco vanguardistas, dinero viejo- pensaba ella mientras llamaba a la puerta. En el recibidor había una señorita sentada tras su escritorio. Era una sala bastante grande e iluminada. A ambos lados y pegados a la pared, había sofás individuales para que los visitantes pudieran esperar relajados. La centralita tenía forma de abanico y abarcaba toda la parte izquierda. La derecha estaba ocupada por una gran escalera que daba al piso superior. En las paredes colgaban cuadros de viñedos, botellas de vino y bodegas. Algo propio del lugar. -¿Alicia? Soy Roberto…
23/05/2008 18:01 #. Tema: Fue en ese café...(Novela) Cap. 6 Un extraño desayuno...![]() Por la mañana temprano. Se despertó y decidió llamarla para invitarla a tomar un café, pero pensó que eso podría agobiarla. Que pensaría que él se estaba creyendo cosas raras… etc…. Por ello abortó de modo casi automático el pensamiento. Se vistió y se acercó al café.
Dio los buenos días a dos lugareños que tomaban café y copa allí y le cucó el ojo a Mamen. Se acercó a la barra y medio dormido pidió un café cargado y un pincho de tortilla. Todo estaba muy tranquilo a estas horas de la mañana.
Roberto tenía la taza de café entre sus manos y le mencionaba a Mamen que se encontraba algo destemplado. Ella le escuchaba intentando aparentar indiferencia, pero a veces no podía ocultar la ternura que le inspiraba alguien como él. No podía ser indiferente con alguien que la había escuchado de forma tan desinteresada. No podía ser indiferente con alguien con quien había compartido tantas risas en el local. Alguien que cuando la había visto muy agobiada la había ayudado en el cierre: a recoger mesas, a limpiar la barra, a colocar vasos, a cerrar y acercarla a casa. Alguien que le había bajado a la niña al médico cuando ella trabajaba. Alguien que siempre la había animado.
Es posible que… le hubiese gustado ver en él, alguna vez… una mirada apasionada, una mirada encendida solo por el mero hecho de tenerla en frente, de sentirla cerca. Él parecía desechar la existencia de que pudiese germinar algo más entre ellos. Nunca había conseguido convertirse en su sueño.
Justo cuando iba a acercarse a él para hacerle una carantoña entró Alicia por la puerta. Entonces Roberto hizo un gesto increíblemente bonito, se levantó y acercándose a ella para ayudarla con el abrigo le dio un beso. Ella sonrió y se sentó a su lado en la barra. Saludó a Mamen y pidió otro café. Estaba algo nerviosa por ser su primera vez. No había trabajado nunca, y para colmo, encima de estrenarse, lo hacía a cientos de kilómetros de casa. Hablaban de lo bonito que era tener un trabajo que fuese vocacional, o al menos, agradecido. En el que nadie pisase a nadie. Alicia asintió con la cabeza y tocó madera con un gesto que implicaba deseo de que eso le ocurriese a ella.
Mientras les comentaba todos sus temores, Roberto la escuchaba embelesado. Seguía todos sus movimientos de manos. Alicia cuando se preocupaba por algo era muy inquieta, se acusaba su expresión. Lo que no parecía mermar era su fuerza de decisión… al menos eso es lo que aparentaba.
Para Mamen no pasó desapercibido el gesto de él: ensimismado, intentando disimular la atracción que sentía hacia ella, una sonrisa fija, los ojos brillantes. Como ella misma decía siempre “las personas enamoradas no podían evitar poner caras embobadas”. No sabía si le dolía la posibilidad de perder un gran amigo, o realmente lo que la apagaba era pensar que ella hubiese podido beberse sus caricias. Por las noches, en silencio dormía abrazada a su mirada… desde que le conoció nunca había podido evitarlo. Intentaba quitárselo de la cabeza.
Había tenido pretendientes bastante agradables y en una situación económica holgada, cariñosos, muy entregados a ella y de buen ver…. Pero, algo, había algo que no les hacía llegar a su corazón. No era la desconfianza, ni restos de miedo por un fracaso anterior, ni pereza por comenzar una relación. Era… que no había llegado la persona adecuada. Más que ilusionarse con ellos, lo que pasaba era que le estorbaban, le limitaban su espacio. No le apetecía dormir con alguien por dormir, ni compartir una casa por no estar sola. Sabía por experiencia que la soledad es un sentimiento que nada tiene que ver con el número de personas que estén a tu lado. Es algo que se siente cuando una persona no se quiere a sí misma. Es entonces cuando la soledad ahoga. Cuando es voluntaria –elegida-, no es soledad, es sentirse a gusto con uno mismo, con sus pensamientos, con sus recuerdos, con sus pasiones… ……………………………………………………………………………………………………………………………………….. Ella era muy dada a disfrutar del silencio, de la paz que emana del mismo. Tenía un pequeño jardín delante de su casa. En él pasaba las horas con su niña. Plantando, podando, injertando, abonando, embelleciendo con distintas tonalidades los rincones, guiando… Detrás de su vivienda también era feliz escuchando la armonía de una vida sin miedo, sin dependencias, sin reproches… Había edificado su futuro a base de enterrar su pasado. No obstante tenía claro que de los errores se aprende, que son escuela y que aquél que no conoce su historia está condenado a repetirla. En ese rinconcito de la casa había dado vida a su pequeño huerto. Era feliz sembrando tomates, calabazas, acelgas, coles, zanahorias, patatas. Cuando recogía de la mata las hortalizas se la podía descubrir ilusionada como una niña, le ofrecía a su hija algún pepino jugoso o la mitad de un tomate moruno que desprendía ese olor a mata inconfundible. En un pequeño corralito, se escuchaban tres gallinas. Eran buenas ponedoras. Tanto que Mamen solía llevar –hecho con los huevos sobrantes- aperitivos al bar. Ya lo administraba y cuidaba con el celo que pudiese tener el mismísimo dueño.
22/05/2008 23:18 #. Tema: Fue en ese café...(Novela) Cap. 5 Mamen 2![]() Cuando él entraba en el café, un vuelco de alegría aparecía en su rostro. Él solía contarle sus cosas: lo que había ocurrido durante el día, los incidentes con algún animal, alguna noticia, una jornada de pesca, lo que opinaba de algunas cosas que hacía el ayuntamiento o dejaba de hacer, de lo linda que veía a su niña…
Ella le contaba lo que había ocurrido en la cafetería: comentarios de embarazos, problemas entre vecinos, algún accidente, si alguien había enfermado, la visita de alguien importante por la zona, las cosas novedosas que hacía su hija… Pasaban largos ratos en la barra cruzando opiniones, escuchándose.
A pesar de que ella debía atender el café, los dos se habían acostumbrado a esas pausas involuntarias, incisos que formaban parte misma de su conversación. Sabían exactamente donde había quedado suspendida la conversación antes de cada interrupción. La seguían, hasta que surgía algo que definitivamente la cortaba. A veces era preparar una mesa para varias personas; una llamada de teléfono; un proveedor… Esa noche, Roberto tomó una cerveza y unas aceitunas mientras intentaba hablar con Mamen de forma fallida. Parecía estar muy liada. Entonces le dijo que no se preocupase que iría leyendo el periódico mientras tanto. Pero, su respuesta fue que estaba agotada y que él también debería estarlo. -Todo el día paseando a caballo… debes estar roto-insinuó ella- -Bueno, aún me tengo de pie. Pero no tardaré mucho en sentir el cansancio. -Entiendo, entonces tomate esto y vete a descansar… que falta te hace.
Algo en ella sentía hostilidad en aquel momento hacia él. No sabía qué era, pero ese día Roberto se había saltado el café que siempre tomaban juntos y eso… la había enfadado o... tal vez… sus sentimientos no eran tan fraternales como ella misma quería creer. Esa actitud de castigo incomodó mucho a Roberto. Realmente le había pillado de sorpresa, nunca se habían dado explicaciones y ella de modo pícaro, algunos fines de semana cuando había ido a la ciudad, le había preguntado que qué tal…. De todas formas, la naturaleza femenina era para él insondable, difícil de desvelar y lo asumía como algo que para él sería un misterio. A ella le había tomado mucho cariño. Pertenecía a ninguna parte y a todas. Era adaptable. No solía mirar las dificultades, si no que se centraba en darles salida. Él solía decirle que era un todo-terreno y ella se reía.
Cuando acabó la cerveza, intentó despedirse como siempre. Pero ella, le dijo adiós como si fuese uno más de los que había en el café. Si quería podía ser muy distante.
Roberto salió y vio a Lucas moviendo el rabo loco de alegría. Había tardado poco en salir y él lo agradecía así. Los dos andaban al mismo ritmo, en paralelo. De vez en cuando Lucas lo miraba para encontrar una carantoña. Era un perro tan grande como mimoso.
Al llegar, Roberto se puso cómodo y eligió música clásica para relajarse. Entonces vio en el salón las gafas de sol de Alicia y se alegró muchísimo. Ya tenía una excusa para llamarla! Más tarde pensó, que tenía dos excusas. Empezaba a trabajar al día siguiente y no le había deseado suerte ni la había animado. Momentos después, comenzó a reflexionar. En ese punto Roberto era imprevisible, daba vueltas a todo de todas las formas posibles. Siempre le habían dado mucho miedo las personas que se mostraban inflexibles, ostentadoras de la verdad absoluta. El caso es que era un miedo irracional, en su familia nunca hubo nadie así, con esa forma de ser… al menos que él conscientemente hubiese conocido. De todos modos, ésta vez no se dejó llevar por tanta racionalidad y marcó el teléfono móvil de ella. - buenas noches Alicia, molesto? - Hola Roberto! No, no .. qué va! Qué sorpresa! No esperaba tu llamada. Aquí ha retumbado la casa con el sonido de tu llamada. No sé… pero creo que he visto muchas pelis de miedo, jajajaja… - Es posible… te confieso que yo no tengo miedo porque Lucas es muy fuerte. Es primo de Zumosol. En ese momento Alicia rompió a reir, y dijo que no le extrañaba nada que con tal guardaespaldas no tuviese miedo. -Me podrías dejar a Lucas hasta que yo no tuviese pánico aquí! Que sepas que no lo digo en broma. -jajajjaaaa…..yo me tengo que reír. Bueno, me lo pienso. A ver…una preguntita… y no sirvo ¿yo? - la verdad es que no. Me gustan más peludos, por lo de peluches….ya sabes! -jajajajaa… ya. Veré que me dan en la farmacia para que crezca el pelo. - Pero qué tonto eres … -Te llamaba porque has dejado en casa tus gafas de sol y porque quería desearte suerte para mañana. Sé que lo harás genial. Y bueno… si de verdad tienes miedo por las noches, no te preocupes… lo digo en serio, me acuesto contigo… jajajajaja. Ahora ya hablando en serio: Si quieres la compañía de Lucas, te lo dejo. No creo que le importe, le caes bien. -Gracias Roberto. -No debes darlas, lo hago con todo el gusto del mundo. -No te molesto más. Descansa. -Sabes que no me molestas, pero qué ganso eres… - Una cosa antes de colgar –dijo Roberto entre dientes-… me ha gustado la forma que tienes de dar los abrazos.
Y era cierto… aún guardaba ese abrazo tan relajado, tan acogedor, tan agradecido. Lo más presente en su memoria era el olor de ella. No conseguía identificar ese olor … pero le encantaba.
Esa noche, se quedó dormido recordando todas aquellas cosas que habían hecho juntos y notó que… al rememorar el abrazo… no despertaba en él tan solo un sentimiento de amistad…ella despertaba en él muchas más cosas que tenía que silenciar. Comenzó a dar vueltas en la cama inquieto. Aunque no podía dormirse, le gustaba la sensación que le tenía tan despierto y tan excitado.
22/05/2008 22:29 #. Tema: Fue en ese café...(Novela) Cap. 4 Mamen1![]() Cuando se cerró la puerta tras él, aceleró su vuelta. Iba pensativo, ensimismado al recordar todo lo que había ocurrido a lo largo de ese día. Tuvo la sensación de sentirse abatido, vacío. Cabía la posibilidad de que se hubiese hecho demasiadas ilusiones, pero… ¿con una desconocida? Se le iría de la cabeza, de eso creía estar seguro. De todas formas, no había nada que hacer, y eso facilitaba todo.
No era dado a ese tipo de arrebatos. Él era de las personas que van conociendo y asimilando las cosas con tiempo, de modo relajado. No le gustaban los huracanes de vida. Descubría con calma, así podía controlar las cosas, y sentir el equilibrio que tan cercano a la armonía se ubica. Lucas intentaba llamar su atención. Se le iba cruzando a lo largo del camino, daba pequeños trotes, y le esperaba con algún ladrido invitándole a seguirle algo más deprisa.
Pasó por delante de la cafetería, y decidió entrar a tomar un café. En ese momento se encontraba Mamen. Era esbelta, de ojos profundos y mirada lejana. No pertenecía a un mundo concreto. Ni se adaptaba al patrón de mujer de esa localidad, ni podía adaptarse al patrón de ciudad. Vivió a las afueras de Madrid, en el seno de una familia humilde. Más tarde se casó, pero su proyecto de familia hizo aguas con un marido que desconocía lo que significa la palabra responsabilidad, zafio e insensible. Abandonó su casa una noche, después de ser vejada y agredida por él. Huyó con su bebé de ocho meses, una niña preciosa a la que adoraba y que le dio toda la fuerza necesaria para abandonar la cloaca en la que se había convertido toda su vida.
Subió en el primer tren que salía de Madrid, y se bajó en el primer sitio donde despertó. Era ese pueblecito asturiano. Entró en la cafetería y dijo: - Quiero trabajar, me sirve que me deis de comer y un sitio para dormir. La niña no es traviesa, es muy tranquila. Tendré todo muy limpio y ordenado. El dueño -que era un señor ya mayor, sin familia y al que ya le costaba llevar solo el café- la miró y le dijo: - Mira, no pierdo nada. Mañana comienzas. De acuerdo, probamos!. Ella sonrió con satisfacción y firmeza. Como si sellase un pacto con la mirada y garantizase que no se arrepentiría.
Desde el comienzo su trabajo fue formidable. Todo en el café cambió. Dio un ambiente acogedor y confortable. Limpió a fondo todo el local. En sus ratos libres se recreaba en ir incorporando cortinas, pequeños recipientes con flores, macetas con plantas de vivos coloridos en las ventanas. Se dedicó a pulirlas y barnizarlas. Poco a poco iban pasando los días y la niña crecía entre los cuidados y el cariño de todos. Parecía que el dueño del café fuese el abuelo de esa simpática promesa de vida. A escondidas jugaba con ella haciendole de rabiar. El café se fue transformando en el centro de reunión de todo el pueblo. Al mes de estar allí ya tenía un sueldo fijo, más de lo que hubiese soñado pedir. El dueño era agradecido y sus ingresos se habían multiplicado por mucho desde que ella había impreso su huella en ese pequeño mundo de encuentros y ocio.
Los sábados y domingos por la tarde, Mamen preparaba unas tapas de huevos rellenos, boquerones en vinagre, emperador con tomate… y todos bajaban a tomar algo y charlar. La vida transcurría tranquila. El aire corría por sus pulmones sin asfixiarla, se sentía útil y querida. La niña había heredado su decisión, si decía que no a algo era que no. No cabía darle más vueltas.
Muchos en el pueblo pensaban que era madre soltera. No se explicaban si no, cómo su marido no las había buscado. Ella no contestaba a eso. Si le preguntaban, ella se encogía de hombros y fingía no entender el motivo. Aunque la realidad era otra. La noche que se marchó, dejó escrita una nota en la que decía: “Ya no soporto todo esto más, pero eso lo sabes. No puedo dejar que me sigas enterrando estando viva. A pesar de todo… te deseo suerte. Sé cuidar de las dos. Te he dejado un poder para que puedas vender nuestra casa si lo necesitas. Por favor, no me busques… es lo único bueno para los tres. Adiós”
No hablaba de su pasado. Se saciaba con el presente. Había desaparecido de su rostro esa mirada de sueños anémicos con la que aterrizó en el pueblecito. Se había borrado ese miedo de sus ojos cada vez que preguntaban por ella o se abría la puerta del café a deshora. Muchos de los hombres jóvenes y maduros de aquel lugar ya habían intentado salir con ella, conocerla mejor, cuidarlas. Tenía algo en sus ojos, en su forma de callar. Sería la expresión tan cargada de secretos, ese halo de misterio que la rodeaba. Aunque todo daba igual, Mamen era reticente a comenzar una historia con alguien, notaba que le faltaba aire si intentaban acercarse demasiado.
Con Roberto no tenía esa sensación. Era distinto. No la agobiaba porque era distante y cercano al mismo cierto. Con él podía hablar de lo que fuese y su cercanía era liberadora. No imponía formas de ser, de pensar, cánones de conducta… 22/05/2008 22:11 #. Tema: Fue en ese café...(Novela) Cap. 3 El encuentro![]() La mañana del sábado asomó soleada y tranquila. Roberto se levantó animado por esos rayos calientes que le tocaban. Entró en el baño para lavarse cara y dientes. Se quitó el pijama de forma entretenida -mientras comprobaba si era necesario afeitarse- y lo dejó colgado en una percha fijada en la puerta del baño. Sacó del armario un pantalón corto y una sudadera para ir a correr. Se puso calcetines de deporte y deportivas. Ya más espabilado y al trote bajó a la cocina y se bebió un zumo de frutas que había licuado. Lucas le seguía moviendo el rabo a ambos lados de forma agitada, parecía un parabrisas un día de lluvia intensa, miraba fijo todo lo que él hacía.
Los dos salieron a correr como todas las mañanas, pero los fines de semana eran especiales. Había mil cosas por hacer, todas entretenidas y relajadas. Mientras corrían iba enumerando mentalmente todo lo que iba a hacer esa mañana. Fue saludando a sus vecinos de parcelas más abajo -que estaban faenando-. Unos removían la tierra en la huerta y añadían algo de abono. Otros lanzaban comida a las gallinas y les cambiaban el agua. Los que tenían vacas tenían que limpiar los abrevaderos y dejarlas pastar. El aspecto de los animales era muy saludable por que en esas zonas tan verdes no faltaba alimento nunca.
Recordó que una cabra estaba a punto de parir y que debería bajar a hacer una visita. En ese momento desvió el camino. La casa no le quedaba muy lejos. Nadie podría imaginar al verle, la sensación de libertad que él experimentaba cuando atravesaba esos paisajes. Algunos al saludarle, sacudían la cabeza de un lado a otro sonriendo, como si se negasen a comprender qué podía sacar con eso. Lo que quedaba claro es que adoraba esa localidad aunque no conectase con ellos en la forma de saborear la vida. Los unía el amor por ese escenario, su sol, su lluvia, sus verdes mezclados con dorados en Otoño, esa alfombra crujiente que a Lucas le ponía los nervios atacados al pisarla y sobre la que se tumbaba –boca arriba- con todo el cuerpo intentando callarla al aplastarla con su enorme lomo.
Enseguida llegó, y saludó a Hilario y a su mujer. Los dos se alegraron de verle, y le condujeron a la zona cubierta que tenían en el pequeño corral. Le ofrecieron tomar algo, un aperitivo, pero les dijo que a esas horas no le entraba nada. Y lo agradeció con una sonrisa. Se dio cuenta de que el parto había comenzado. El animal jadeaba tumbado, tenía la boca entreabierta y asomaba la lengua a un lado. Al tocar la panza del animal pudo comprobar su rigidez, las contracciones eran regulares. Cogieron el coche de Hilario y se marcharon a la consulta para recoger guantes, hilo, tijeras, agujas quirúrgicas etc… Al regresar, él se enfundó sus guantes e introdujo los dedos en el canal del parto pudiendo tocar la cabecita del pequeño animal. Fue aprovechando las sucesivas contracciones para expandir la salida con sus manos. Pronto asomó, y todo apuntaba a resultar más fácil. Cuando lo tuvo en sus manos. Lo sacó de la bolsa uterina, cortó el cordón umbilical cosiéndolo, miró bien que no quedase ningún trocito de placenta y le hizo una pequeña reanimación. Se fijó en que no tuviese mucosidad en la boca para que no se ahogase y le estuvo frotando un ratito el cuerpo para que entrase en calor y poder escucharle. Era encantador verlo tan frágil pero tan lleno de vida. Su madre lo acariciaba con la lengua de forma desenfrenada, parecía que lo fuese a desgastar. Después de hablar un buen rato con sus vecinos – les indicaba que si le daban un poco de caldo la subida de leche sería más rápida- Roberto se despidió de ellos, pero Hilario se ofreció a acercarle a casa.
Una vez en casa puso música clásica y se metió en la ducha. Estaba contento, todo había salido bien y le apetecía ir a la cafetería y comentárselo a Mamen. Además una tapa de esas que preparaba ella siempre entraba con un vinito. A Lucas le dijo que se portase bien y que se quedase en casa que no tardaría. Sabía que le entendía perfectamente, porque el animal dejaba de mover el rabo y se sentaba con mirada triste mirándole fijamente. Lucas sabía que en ocasiones eso daba buen resultado. Y esta vez, parece que tuvo suerte, pero se fue con la condición de quedarse en el coche el ratito que Roberto estuviese en la cafetería. Pareció no importarle, el caso era acompañarle a todas partes.
Sobre las 13.00 h., entró en la cafetería. Algo que no había contado nunca a nadie era todo lo que le molestaba esa primera bofetada de humo al llegar. Saludó a todos y Mamen -correspondiéndole con un gesto- le sonrió. Él se acercó y le dijo que la música que le había grabado le había gustado mucho. Ella se alegró y le preguntó que qué le apetecía tomar. Sin pensarlo él respondió que un vinito y ese emperador con tomate que estaba tan bueno. Ella se echó a reír porque ya lo había preparado y se lo estaba poniendo en la barra. Degustó el vino antes de pinchar el aperitivo.
En ese momento, hizo su aparición en la cafetería una chica joven con dos maletas de ruedas que le dificultaban algo el paso. Tenía un aspecto atractivamente desaliñado y aventurero, con aire de decisión. Cruzado, a modo de bandolera, llevaba su bolso. Vestía unos vaqueros ajustados, un híbrido entre bota y deportiva en tono cámel, un impermeable rojo abierto bajo el cual asomaba una camiseta blanca ceñida a su cuerpo. Era alta y delgada, muy proporcionada. Se acercó a la barra y preguntó si conocían la calle Torino. Les comentó que se llamaba Alicia y que se quedaría a trabajar en el pueblo en el departamento de calidad de vinos y que en esa calle tenía alquilada su casa.
Roberto se presentó como el veterinario del pueblo y le dio dos besos. Mamen le secundó y le deseó mucha suerte. La invitaron a tomar algo y después él se ofreció para enseñarle los sitios estratégicos del pequeño pueblo y acompañarla a su casa. Mientras charlaban, él observó sus manos, hablaban mucho de ella. Era una persona a la que le gustaba mucho cuidarse, pero sus uñas cortadas y sin pintar aportaban otro dato, era muy práctica y discreta. Le gustaba la comodidad y huía de exaltar la feminidad a través de ornamentos. Pero sabía como enfatizar aquellas partes de su cuerpo que más le gustaban. Su pecho era muy bonito, sin ser ostentoso. Parecía ingrávido y compacto. Era morena y sus ojos verdes, lo que le daba un toque muy exótico. Cuando miraba parecía examinar todo, aunque eso no llamó mucho la atención ya que acababa de llegar y era lógico que estuviese muy expectante. Era de movimientos rápidos pero elegantes, y parecía decidida. Se pidió una cerveza sin alcohol. Más que bebérsela la devoró. Llegó acalorada, cansada y sedienta. Miró a Roberto y le dijo: “Cuando quieras…! –hizo un gesto de apremio mirando el reloj-. Eso te pasa por ofrecerte! Jajajaja” . Los tres se rieron y abonando la consumición, se despidieron de Mamen y también -en general- del resto-. Después abandonaron el local.
Él se acercó a su coche para que Lucas pudiese acompañarlos. Le abrió la puerta y el animal salió haciendo cabriolas. Eso le hizo mucha gracia a Alicia, que le chocaba en un animal de aspecto tan fiero una actitud tan acachorrada. -¿qué edad tiene?- preguntó. – Lo encontré en el monte solo y herido pero por los dientes creo que unos dos años aproximadamente. -¿Ves? Todos los días se aprende algo nuevo! Jajaja…
Ella siguió comentándole cosas de camino a su casa: que se quedaría por un tiempo indefinido. Se suponía que un mínimo de un año o dos. Su impresión del pueblo había sido muy positiva aunque le confesó que sentía el frío que ocasiona lo desconocido. Siguió contándole que la casa no la conocía aún, que todo lo había gestionado con una inmobiliaria a través de internet.
Él lanzó una pregunta que a él mismo le sorprendió: -¿Dejas algo en Madrid que te escueza un poco más de lo normal? -Vaya, veo que eres directo… pues mira, no lo sé… Él pisando la conversación dijo: - Hemos llegado! -Ey! La casa es más bonita de lo que creía! ¿Quieres verla? -Claro, si quieres, ¿Cómo no? -Ella sacó de su mochila el juego de llaves y abrió la puerta. Ésta emitió un chirrido al abrirse, parecía sacada de una película de las de terror. Roberto se adelantó a los pensamientos de ella. Le comentó que con la humedad eso era algo muy habitual, que usase cualquier aceite industrial y quedaría nuevo. -ok!, contestó. Él empujó las dos maletas hacia dentro. Todo estaba oscuro y cerrado. Olía a humedad ligeramente, llevaba tiempo cerrado y habían tenido muchos días de lluvia. Al abrir los cierres vieron que los muebles estaban cubiertos de sábanas blancas y algunas mantas. Él la ayudó a quitar todo y abrieron las ventanas. Mientras movían el polvo, Lucas lanzó dos estornudos seguidos. Expiró con fuerza, de golpe, como si algo le estuviese haciendo cosquillas en la nariz y sacudió la cabeza. De nuevo se echaron a reír. La cocina era pequeñita, pero muy graciosa y genialmente distribuida. Alicia entraba y salía de una habitación a otra, diciendo lo bonito que quedaría todo cuando lo dejase a su gusto. El suelo era de tarima, eso le encantó. Solía andar descalza con enormes calcetines de lana. Ella estaba siendo abordada por una sensación de independencia que era nueva en su vida, y notaba que le gustaba. Roberto -apoyado en el marco de la puerta- admiraba ese brillo tan infantil que iluminaba su mirada y permanecía callado sonriendo y asintiendo. Le encantaban las personas apasionadas y en ella veía muchos sueños contenidos desde hacía tiempo. Se preguntaba si sería capaz de descubrir los que realmente eran prioritarios para sentirse feliz. Mientras ella abría los armarios de la cocina para saber qué tipo de utensilios tenía que comprar, él se había embarrado en una reflexión. Se daba cuenta de que ella con 25 años parecía una niña, llena de ilusiones, de fuerza, de inquietudes y misterios, que guardaba secretos… En cambio, las chiquitas de allí, de la localidad, parecían mujeres. Sin secretos, sin fantasías –no al menos de aquellas que pudiesen llamar la atención de una persona como Roberto-, con un sentido del humor casi ausente, con un sentido del pudor extraño. Basado en el que dirán más que en sus sentimientos. Incluso la forma de vestir, aunque pretendía ser moderna, no colgaba de ellas con naturalidad. Esa inquietud, le hizo pensar que es una suerte nacer en una ciudad, donde te despiertan la vocación de ser descubridores del mundo. Esa fiebre que desata los impulsos e inyecta de brillo la mirada. En la zona rural, faltaba ese afán por la fantasía, por el entusiasmo, por el juego. Él sabía que otros no necesitaban tantas historias para interesarse por una chica, pero eso no le quitaba el sueño. Nunca quiso caer en la trampa del conformismo, tenía claro que vivir a medio gas acaba asfixiando. Alicia chasqueó los dedos delante de sus ojos, y sus pensamientos se diluyeron de forma veloz. -¿Vemos la parte de arriba? Alguien te tiene sorbido el pensamiento, ¿eh? -Jajajaaa…No, yo creo que soy así de distraído. -Tengo muchas cosas que comprar, qué desastre! Y creo que está cerrado. -Hacemos una cosa: Vemos los dormitorios y el baño. Después nos vamos a mi casa y coges lo que necesites. Tengo de todo. Los vecinos son demasiado agradecidos, y me obsequian de forma exagerada. Pensarán que un chico solo se muere de hambre. Acéptalo, se me pondrá mala la mitad de la comida. Casi me haces un favor. -¿Cómo se supone que debo agradecer todo eso? -Ejemm… puedes pagar en especias si quieres… jajaajjaja -Ya decía yo que eras demasiado encantador, menudo peligro! Subían la escalera para visitar los dormitorios. El primero estaba genial, el baño era muy aceptable, pero el segundo, más amplio, tenía una enorme mancha en el techo aún húmeda con aspecto enmohecido. El colchón, que quedaba justo debajo, se había mojado entero quedando inservible. Ella decidió cerrar la puerta y llamar más tarde a la dueña para informarla de lo que sucedía. Roberto le subió las dos maletas a los dormitorios. Ella le dijo que tenía que arreglarse. -El viaje había sido muy largo y necesitaba ducharse para ser persona. -No te preocupes por mí, de verdad… después tomo cualquier cosa en la cafetería. -No me preocupo, pero mañana tampoco abren. Mira, me voy. Duchate y te relajas un poco o si quieres vas colocando las cosas. Me acerco dentro de una hora y te traigo lo que pille por ahí. Prometo irme después rapidito para que descanses… lo de cobrarte en especias… puede esperar… jajajaja Ella se rió mucho y asintió. -Le apetecía mucho hacer su cama para poder acostarse pronto y tener todo ordenado.
Quedamos en eso. No te preocupes por mí. Cerraré bien la puerta. Nos vemos!
Se dirigió con Lucas hacia su coche para irse a casa. Una vez allí merodeó por la cocina y fue echando en una cajita todo aquello que le podía gustar. Metió dos litros de leche, aceite, sal, medio bizcocho, huevos, salchichas, quesos de tres tipos –tenía mucho queso, para dar una recepción-, jamón serrano. También tenía pan, no el suficiente, pero eso le daba igual. Podía pedirle a Mamen. Se acordó de que tenía cuatro jamones –jamón serrano- en casa y cogió uno para ella y otro para Mamen. Era imposible comerse todo eso. Recordaba que ella había mencionado que no tenía cazos ni sartén para cocinar y cogió un utensilio de cada antes de marcharse. Introdujo todo en el asiento del copiloto, delante y se marchó hacia su casa. Cuando llegó, estuvo llamando un ratito sin querer resultar pesado –dejaba intervalos de tiempo en silencio- Alicia abrió la puerta con aspecto muy cambiado. El pelo lo tenía recogido, muy informal -con dos agujas largas cruzadas detrás en algo similar a un moño-. Se la notaba más relajada y concentrada en él. Ahora lo miraba directamente a los ojos y mostró enorme sorpresa al ver el cargamento que entraba por la puerta en brazos de Roberto. Se había difuminado ese aroma infantil que le vio la primera vez. Ahora, su mirada lo ponía algo nervioso y no sabía porqué. Se sintió atraído por ella. Llevaba una camiseta de algodón roja con escote y unos pantalones de estar por casa que parecían tener un tacto asedado. Andaba con calcetines, por eso le dijo: -Si piensas entrar, hazlo. Si no me quedaré congelada! -No, mira… llevo mucha prisa y tu estás cansada. Eso sí, quedas invitada a conocer la localidad a caballo si te interesa… - Claro que sí! –De nuevo afloró en ella esa faceta infantil que la hacía tan especial. Aunque su imagen, con un aspecto más maduro y sereno, le acompañaría muchas noches en sus pensamientos. En ocasiones, es la casualidad la que escribe nuestro destino, otras lo forjamos nosotros. Él más bien creía que se trataba de un equilibrio de las dos cosas. |