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Cap. 6 Un extraño desayuno...![]() Por la mañana temprano. Se despertó y decidió llamarla para invitarla a tomar un café, pero pensó que eso podría agobiarla. Que pensaría que él se estaba creyendo cosas raras… etc…. Por ello abortó de modo casi automático el pensamiento. Se vistió y se acercó al café.
Dio los buenos días a dos lugareños que tomaban café y copa allí y le cucó el ojo a Mamen. Se acercó a la barra y medio dormido pidió un café cargado y un pincho de tortilla. Todo estaba muy tranquilo a estas horas de la mañana.
Roberto tenía la taza de café entre sus manos y le mencionaba a Mamen que se encontraba algo destemplado. Ella le escuchaba intentando aparentar indiferencia, pero a veces no podía ocultar la ternura que le inspiraba alguien como él. No podía ser indiferente con alguien que la había escuchado de forma tan desinteresada. No podía ser indiferente con alguien con quien había compartido tantas risas en el local. Alguien que cuando la había visto muy agobiada la había ayudado en el cierre: a recoger mesas, a limpiar la barra, a colocar vasos, a cerrar y acercarla a casa. Alguien que le había bajado a la niña al médico cuando ella trabajaba. Alguien que siempre la había animado.
Es posible que… le hubiese gustado ver en él, alguna vez… una mirada apasionada, una mirada encendida solo por el mero hecho de tenerla en frente, de sentirla cerca. Él parecía desechar la existencia de que pudiese germinar algo más entre ellos. Nunca había conseguido convertirse en su sueño.
Justo cuando iba a acercarse a él para hacerle una carantoña entró Alicia por la puerta. Entonces Roberto hizo un gesto increíblemente bonito, se levantó y acercándose a ella para ayudarla con el abrigo le dio un beso. Ella sonrió y se sentó a su lado en la barra. Saludó a Mamen y pidió otro café. Estaba algo nerviosa por ser su primera vez. No había trabajado nunca, y para colmo, encima de estrenarse, lo hacía a cientos de kilómetros de casa. Hablaban de lo bonito que era tener un trabajo que fuese vocacional, o al menos, agradecido. En el que nadie pisase a nadie. Alicia asintió con la cabeza y tocó madera con un gesto que implicaba deseo de que eso le ocurriese a ella.
Mientras les comentaba todos sus temores, Roberto la escuchaba embelesado. Seguía todos sus movimientos de manos. Alicia cuando se preocupaba por algo era muy inquieta, se acusaba su expresión. Lo que no parecía mermar era su fuerza de decisión… al menos eso es lo que aparentaba.
Para Mamen no pasó desapercibido el gesto de él: ensimismado, intentando disimular la atracción que sentía hacia ella, una sonrisa fija, los ojos brillantes. Como ella misma decía siempre “las personas enamoradas no podían evitar poner caras embobadas”. No sabía si le dolía la posibilidad de perder un gran amigo, o realmente lo que la apagaba era pensar que ella hubiese podido beberse sus caricias. Por las noches, en silencio dormía abrazada a su mirada… desde que le conoció nunca había podido evitarlo. Intentaba quitárselo de la cabeza.
Había tenido pretendientes bastante agradables y en una situación económica holgada, cariñosos, muy entregados a ella y de buen ver…. Pero, algo, había algo que no les hacía llegar a su corazón. No era la desconfianza, ni restos de miedo por un fracaso anterior, ni pereza por comenzar una relación. Era… que no había llegado la persona adecuada. Más que ilusionarse con ellos, lo que pasaba era que le estorbaban, le limitaban su espacio. No le apetecía dormir con alguien por dormir, ni compartir una casa por no estar sola. Sabía por experiencia que la soledad es un sentimiento que nada tiene que ver con el número de personas que estén a tu lado. Es algo que se siente cuando una persona no se quiere a sí misma. Es entonces cuando la soledad ahoga. Cuando es voluntaria –elegida-, no es soledad, es sentirse a gusto con uno mismo, con sus pensamientos, con sus recuerdos, con sus pasiones… ……………………………………………………………………………………………………………………………………….. Ella era muy dada a disfrutar del silencio, de la paz que emana del mismo. Tenía un pequeño jardín delante de su casa. En él pasaba las horas con su niña. Plantando, podando, injertando, abonando, embelleciendo con distintas tonalidades los rincones, guiando… Detrás de su vivienda también era feliz escuchando la armonía de una vida sin miedo, sin dependencias, sin reproches… Había edificado su futuro a base de enterrar su pasado. No obstante tenía claro que de los errores se aprende, que son escuela y que aquél que no conoce su historia está condenado a repetirla. En ese rinconcito de la casa había dado vida a su pequeño huerto. Era feliz sembrando tomates, calabazas, acelgas, coles, zanahorias, patatas. Cuando recogía de la mata las hortalizas se la podía descubrir ilusionada como una niña, le ofrecía a su hija algún pepino jugoso o la mitad de un tomate moruno que desprendía ese olor a mata inconfundible. En un pequeño corralito, se escuchaban tres gallinas. Eran buenas ponedoras. Tanto que Mamen solía llevar –hecho con los huevos sobrantes- aperitivos al bar. Ya lo administraba y cuidaba con el celo que pudiese tener el mismísimo dueño.
22/05/2008 23:18 #. Tema: Fue en ese café...(Novela). Comentarios » Ir a formulario |
Silencios y pasiones...Inspiración es ese beso apasionado entre la realidad y los sueños.
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